Querida mamá:

 Querida mamá,

 Estoy algo preocupado porque ayer oí como le decías a papá “Ya no puedo más, es que es malo conmigo, es imposible que me quiera tratándome así”

 Quería escribirte esta carta para que pudieras entenderme un poco mejor.

 Me acuerdo cuando era bebé que yo lloraba porque me dolía la barriguita, porque tenía miedo de no estar con vosotros, porque me aburría, porque tenía hambre, porque necesitaba mimos…vosotros, muchas veces, estabais nerviosos, preocupados, serios. Lloraba en la cuna porque quería estar contigo, bueno y también con papá. Pero vosotros, cuando fui más mayor, pensasteis que lo mejor para que yo me durmiera era seguir un método de un libro muy famoso en el que se explicaba que debíais dejarme llorar. La verdad es que no os culpo porque un montón de gente lo ha hecho y tal cual está escrito parece sin duda que es lo mejor para los bebés. Pero no es así. Cuando los bebés lloramos es porque os estamos llamando porque os necesitamos. Ahí empecé a sentirme inseguro porque lo que aprendí fue que cuando os necesitaba y lloraba para avisaros (no sabía hablar de aquella) nadie aparecía. Así que aprendí a dormirme solo. Aprendí a que no estabais disponibles cuando os necesitaba.  Yo creo que no fue bueno para nadie porque, mamá, tú también lo pasaste mal. Y ese libro hizo que nos alejáramos un poquito.

Imagen obtenida de www.http://fundacionbalms.org

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Poco a poco  yo iba notando que estabas nerviosa cuando estabas conmigo, que no confiabas en ti misma. Y yo me ponía nervioso también porque me lo contagiabas. Notaba que cuando yo me ponía nervioso y lloraba, tú pensabas que no podías calmarme y llamabas a otros para que te ayudaran, pero sí que podías, mamá,  sólo que tú no lo sabías.

 Así que yo me sentía nervioso, con miedo a que te fueras, con miedo a que no me controlaras cuando yo me enfadaba tanto. Y me enfadaba porque no sabía cómo hacerte reaccionar para que me controlaras.

 En casa del abuelo, los tíos y papá y tú me regañabais. Yo estaba nervioso y me movía mucho y siempre me regañaban. Pegaba a mis primos para que me hicieran caso y porque no sabía relacionarme con ellos de otra manera. No confío mucho en mí mismo cuando estoy en sitios donde piensan que soy malo y entonces me porto mal. Como en casa, o en casa de la abuela.

Allí todo el mundo se pone nervioso cuando yo aparezco, porque todos piensan que voy a pegar, así que pego. Es lo que esperan de mí, me lo dicen con sus gritos, con sus amagos de quitarse de mi camino. Y yo, como necesito relacionarme, pues lo hago.  Me habéis dicho tantas veces que soy malo, que me porto mal, que me lo he creído. Pero no me hace sentir bien. Porque cuando pego a mis primos y ellos ya no quieren jugar conmigo no me gusta. Cuando pego a mis primos y los mayores me gritan no me gusta y me pongo más nervioso. Y pienso en que soy malo y me enfado conmigo por serlo. Pero nadie me enseña a ser de otra manera. No me dicen lo que tengo que hacer, sólo lo que NO tengo que hacer.

 Cuando tengo una rabieta es porque yo quiero una cosa diferente, entonces como aún soy pequeño no sé cómo reclamarlo de otra manera.  No tengo más armas que el llanto y la agresividad para defender lo que pienso, no como los adultos que tenéis muchas otras. También las tengo más fuertes porque me siento un poco nervioso, inseguro, porque tú lo estás también. Cuanto más fuerte sea mi rabieta más necesidad tengo de cariño. En este caso podría utilizar una expresión de mayores que dice “quiéreme cuando menos lo merezca que será cuando más lo necesite”. Pero es normal que cuanto más fuerte tenga la rabieta peor te pongas tú, más me rechazas y por ende, peor me siento yo. Así que es un círculo vicioso. Pero mamá, las rabietas se me van a pasar, en cuanto tenga más armas para protestar, reivindicar o elegir, lo haré hablando.

 A veces mamá, te enfadas mucho conmigo, me gritas o lloras porque yo hago cosas que no están bien, pero cuando eso pasa me pongo muy triste y como no me gusta sentirme triste intento que no estés así y hago cosas para que reacciones. Como solo tengo 4 años  solo se pedirte que no llores, o gritarte que te calles para que no me sigas riñendo o pegarte para que cambies tu manera de tratarme. Cuando lloras me pongo peor, me siento más indefenso todavía. Tú eres la mamá yo no sé qué hacer cuando tú lloras. Tampoco sé qué hacer cuando me dejas en casa de alguien y  te vas llorando sin avisarme. Me da mucho miedo pensar que no vas a volver o que vas a dejar de quererme, porque eres la persona que más necesito del mundo, también a papá. Y cuando te vas, me pongo fatal. Luego apareces de repente y me alivia ver que has vuelto, pero entonces me enfado por haberte ido y haberme dejado y como no se decírtelo me porto mal para hacerte reaccionar.

 Yo necesito que me quieras y quererte y estar felices.

Me gusta la mamá que está tranquila, la que juega conmigo, la que me hace reír, la que me mira de esa manera y me hace sentir tan querido. La que se desvive por entretenerme y la que se divierte cuando está conmigo. La que siempre está la primera para venir a recogerme al cole, la que ríe cuando yo río, la que se esfuerza por ser mejor. La que va a recuperar su peso y todos van a ver lo que yo ya veo que eres la mamá más guapa de todas.

 Necesito que te creas lo buena mamá que eres cuando lo eres. Para que así lo sigas siendo siempre. Necesito que no estés nerviosa cuando estés conmigo pensando cuándo me voy a enfadar.  Que no tengas miedo a mis reacciones. Yo iré aprendiendo poco a poco y cuanto más segura estés tú de ti misma, más seguro me voy a sentir yo. Si notas que yo me tuerzo porque quiero otra cosa no te preocupes, explícamelo y si ves que no lo entiendo quédate junto a mí. Dime que entiendes que esté enfadado. Dime que tú vas a estar conmigo siempre. Dame tiempo para relajarme, si te sigo gritando, sólo quédate a mi lado. No te vayas, no me riñas, sólo quédate.

Cuando me haya calmado dime por qué no puedo obtener lo que quiero y dame alguna opción de elegir otra cosa.

Haz conmigo lo que querrías que hicieran contigo cuando estás muy enfadada. Enséñame a salir de mis enfados. Cuando te enfades con papá ponlo en práctica para que yo lo vaya viendo y aprendiendo.

 Quería escribirte esta carta para decirte que no me porto mal contigo porque me caigas mal o porque no te quiera SINO por todo lo contrario. Te necesito más que a nadie (y a papá) y necesito quererte y que tú me quieras a mí. Y que nuestro vínculo sea seguro para que podamos ser felices. Si me porto mal contigo a veces es porque te estoy pidiendo ayuda, pero no sé cómo hacerlo de otra manera. Eres mi mamá, imposible poder quererte más, ayúdame a demostrártelo y demuéstramelo tú a mí también confiando en ti misma.

…la importancia de ponerse en el punto de vista de los y las niñas y satisfacer sus necesidades emocionales para no cronificar una situación mal interpretada…la importancia del vínculo. Nuestros hijos e hijas no nos manipulan, ni nos quieren fastidiar, todo lo contrario, pero no tienen estrategias para pedir lo que necesitan. Póngamonos en su lugar, escuchémosles como hacemos con otros adultos cuando surgen conflictos. No interpretemos sus comportamientos como si fueran aldultos. No lo son.

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