Los castigos, ¿nos atrevemos a cuestionarlos?

Dice Rosa Jové que el castigo es un fracaso del educador. Estoy de acuerdo. A lo largo de este post veremos para qué sirven los castigos, qué consecuencias tienen, y otras alternativas para educar.

Los adultos utilizan el castigo como “corrector” de conductas que entienden de inapropiadas en los niños. Imponiéndoles estos castigos los niños experimentan consecuencias desagradables y de esta manera “se supone” que no volverán a repetirlas.

A mi juicio, el primer error es que de esta manera sólo corregimos -no explicamos- , y como consecuencia, el menor solo actuará para evadir el castigo y no interiorizará valores.

Con este método tan extendido del castigo el niño sólo aprende lo que NO puede hacer, y nos olvidamos de explicarle

a) el motivo del porqué no puede hacerlo  y

b) alternativas a su comportamiento.

Además, con el uso de estas técnicas de castigos (y premios) lo que estamos enseñando es a realizar conductas solo por el mero hecho de conseguir un premio o por evitar un castigo. Sin que entiendan el porqué, ni puedan interiorizar, ni aprender. El adulto regula la conducta del niño y no hay un proceso reflexivo por parte del niño para poder asimilar lo que va aprendiendo.

Además, su efecto es temporal, cuando el castigo deje de importarles o el premio no les interese tanto, dejarán de hacerlo. Por lo que, los adultos tenderán a agravar el castigo y/o mejorar el premio. Aún esta semana escuchaba en consulta, como en tantas otras ocasiones “es que le da igual todo, ya le he castigado sin play, sin tv, sin salir…y no le importa nada”.

En esos casos a veces utilizamos el chantaje emocional, rechazamos sus acercamientos, sus abrazos, mantenemos largos silencios, les comparamos con otros niños, les decimos que se lo vamos a decir a su profe, fomentando los sentimientos de culpa de los niños. Lo cual tampoco les enseña nada positivo sino que lesiona su autoestima de una manera directa provocándoles ansiedad y miedo en muchas ocasiones.

Imagen obtenida de la web www.escuelaenlanube.com

Imagen obtenida de la web http://www.escuelaenlanube.com

Si nosotros, adultos: cometiéramos un error, si nos “pillaran en un renuncio”, si reaccionáramos de una manera que perjudicáramos a otra persona, si llegáramos tarde a una cita, si rompiéramos por enfado o descuido una pertenencia de otro… ¿cómo nos gustaría que el otro reaccionara? ¿Cómo nos ayudaría a entender que ese comportamiento no es apropiado? ¿Cómo nos serviría para ser mejores personas?

-      Dándonos un tortazo

-      Gritándonos

-      Aislándonos

-      Quitándonos algo preciado

-      Apagándonos la TV, PC, Tablet…

-      Obligándonos a ir a la cama sin cenar

¿Has leído las opciones y ninguna te parece la adecuada? Bien, pues así tratamos a los niños, así “educamos” a los niños. Algunas de esas opciones podrían ser motivo de ruptura de una pareja, de una amistad…Es más, algunas de esas opciones podrían ser consideradas delitos si lo aplicáramos a un adulto.

 El por qué lo que hacemos con los niños para “educarlos” y no lo hacemos con los adultos tiene que ver con el Adultocentrismo. Implica entender que los adultos tienen más derechos que los menores, es una forma de educar en la que la obediencia ha de ser ciega y en la que se pueden utilizar métodos que no utilizaríamos con adultos por cuestiones morales.

Pues bien, este tipo de educación tiene unas consecuencias, no tienen en cuenta los aspectos emocionales de la persona. De manera sutil (a veces no tan sutil) se va erosionando la autoestima de ese menor. De la misma manera que si tu pareja te castigara cada vez que algo que haces no le pareciera bien. En ese caso aún tú estarías más protegido puesto que podrías elegir separarte de esa persona, los niños no tienen esa opción.

Si has leído hasta aquí, seguramente estarás pensando, y entonces ¿cómo se hace? ¿Cómo puedo educar a mis hijos sin dañar su autoestima? ¿Cómo puedo acompañarles respetándoles como respeto al resto de adultos?

UNICEF propone en su campaña EDUCAR EN POSITIVO cinco pasos (por este orden) para gestionar los conflictos:

1)      Calmarse

2)      Escuchar

3)      Hablar

4)      Explicar

5)      Llegar a acuerdos

Antes de continuar me permito comentar que estos cinco pasos podrían aplicarse (y deberíamos hacerlo) para gestionar los conflictos con otros adultos también.

Para poder explicar, de una manera más visual, estos pasos procederemos a verlos en un ejemplo.

De repente me percato del silencio, ¿qué estará haciendo? Voy rápido a su habitación y allí me lo encuentro, con sus pinturas pintando la pared. Me altero, acabo de pintar esa pared y mira cómo la ha puesto. En ese momento le gritaría, le quitaría las pinturas y le castigaría con ir a pensar a su sillita. Pero paro, me acuerdo de eso que he leído, “pensar no puede ser un castigo” Si hiciera eso además, no estaría enseñándole nada, estaría vengándome, tú me has hecho esto pues yo te hago esto otro.  Porque – el que estando enfadado impone un castigo, no corrige, sino que se venga.

 

1)      Me acuerdo del post que he leído esta mañana y lo pruebo. ¿qué era lo 1º? Ah sí, me calmo, respiro hondo y pienso que él no lo hace para fastidiarme.

2)      Le escucho, ¿por qué has pintado la pared? Mira mamá, es que quería dibujar unas cosas para que quedara bonito.

3)      Hablo con él, me intereso, ¿qué querías dibujar?

4)      Le explico que me gusta que dibuje pero que no en la pared, que tiene su pizarra, o sus libretas para poder dibujar. Me dice que quiere dibujar en la pared porque está vacía.

5)      Pacto con él, compraremos un papel grande y lo pegaremos en la pared para que pueda dibujar en él, y así no ensuciar la pared. Le parece bien y me dice que así ya no estará vacía.

 

Estos pasos se pueden aplicar para cualquier tipo de situación, y a cualquier edad. De esta manera tu hijo crecerá en un ambiente respetuoso, donde irá interiorizando valores de una manera armónica sin resquebrajar su autoestima.

Imagina que tus padres te hubieran tratado así, imagina que tu pareja te tratara así, que trataras así a tus amigos, todos ganaríamos.

Para cualquier tipo de aclaración puedes contactar con nosotros aquí.

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6 thoughts on “Los castigos, ¿nos atrevemos a cuestionarlos?

  1. Totalmente de acuerdo, como no, que burradas hacen algunos….y además perpetuadas a pesar de que se ve claramente que no funcionan…pero que haces si después de explicarselo, te demuestra que lo ha comprendido, y ves que se repite? A veces solo el que lo entiendan no vale, xq vuelven ha hacerlo sabiendo que está mal, eso se les nota, y ahí es donde yo creo que una consecuencia, que no un castigo aleatorio al uso, tiene sentido…en ocasiones, si no tienen una consecuencia no dejan de hacer algo…no te parece? Porque los adultos tenemos consecuencias buenas y malas por nuestros comportamientos, no los hacemos solo por eso, pero es importante que las consecuencias esten tb presentes…es una opinión…que crees tu?

    • Muchas gracias Bárbara por compartir tus dudas y opiniones.
      A veces les pedimos a los niños cosas y lo que ocurre es que pueden no estar preparados para llevarlas a cabo.
      Además de explicarles el por qué no pueden realizar un comportamiento, hay que darles otras opciones y no sólo censurar. Si lo continúan repitiendo es porque no han aprendido otra opción de reacción más adaptativa y adecuada a su edad.
      Se trata de ser pacientes y empáticos con nuestros hijos porque un castigo siempre es un castigo, se corrige al niño buscando su sumisión, por lo que les impedimos crecer como personas autónomas. Los castigos acaban siendo inútiles porque, a no ser que se les provoque miedo, dejan de importarles y el castigo deja de funcionar. Además de la consecuencia emocional negativa que conlleva, imagina cómo te sentirías si tu pareja te “castigara” por algo que él entiende no has hecho bien.
      Lo que verdaderamente es efectivo es que los niños eviten ciertos comportamientos, no por la consecuencia negativa, sino porque hayan interiorizado ese valor. Lo deseable sería por ejemplo que tu hijo no pegara a otros niños, pero no por temor a que le castiguen, sino porque tenga interiorizadas normas de convivencia saludables. Esta interiorización promueve el análisis, la comprensión, la reflexión del mundo que te rodea, lo cual, es incompatible con los castigos.
      Si necesitas más información puedes enviar un email a info@carolina-aguilera.es

  2. Hola, este post me ha caído cómo del cielo!!. Mi problema es el siguiente; Tengo dos.hermosas pequeñas, una de 2 años 10 meses y una bebé de 6 meses. La mayor, había estado feliz con la llegada de su hermanita hasta ahora. Sé que es normal que se sienta un poco celosa y a veces excluida, he tratado de.brindarle sus espacios y sus tiempos para que esté más tranquila, y la integro en las.actividades que pueda ayudarme con la.bebé de para que se sienta útil. Pero últimamente ha estado muy irritable y se molesta cada vez que estoy con la.hermana y se pone grosera. Tira las.cosas, llora cuando la bebé lo hace y llora aún más fuerte. Para mi está siendo muy difícil el.evitar castigarla, pues hay momentos que necesito.dormir a la bebé o por ejemplo ahorita que la.bebé está con una fiebre terrible y no puedo que la mayor se ponga a gritar enfrente de ella. Ya la expliqué que hay veces que necesito etrade con su.hermanita ybque cuando termine estaré con ella todo tiempo, pero no hetenido éxito alguno. A lo cual ya en mi desesperación recurrí a que sí puede llorar y gritar pero en su cuarto. Y cuando se tranquilice puede salir, pero esto parece estar siendo peor pues grita y llora más y por ende la bebé también. Estoy cayendo en los.gritos y no quiero eso, me duele que en mi desesperación yo actué así porque al final no logro nada, al contrario. Pero ya no se por donde intentar, respetando el tiempo de las.dos. ¿Me podrían dar un consejo de qué hacer?. Muchas gracias. Mamá fatigada y preocupada :(

    • Muchas gracias Alejandra por compartir tus dudas y preocupaciones.
      El tema de los celos entre hermanos es una preocupación muy consultada por los padres.
      Lo primero que has de saber es que las reacciones de tu hija mayor (lloros, gritos…) están indicando un malestar emocional que no sabe regular de otra manera.

      Tu hija, con 2 años y 10 meses se encuentra en una etapa en la que todavía no está preparada para socializar de una manera positiva con sus iguales. Y además la diferencia de edad, justo ahora, se nota muchísimo. Es posible que los comportamientos de tu hija respondan a que ve a la bebé como una rival contra la que tiene que luchar para ganar tu tiempo y cariño.

      En este punto en el que te encuentras lo más importante es que te pongas en el lugar de tu hija. Así, puedas comprender su angustia y malestar. De esta manera, tú también alivias tu enfado y puedes ayudarla.

      Has de ser consciente que el cansancio y la falta de entendimiento con tu hija te está afectando de manera negativa. Estás enfadada y esto te está impidiendo actuar de una manera más efectiva. El castigarla en su habitación hasta que deje de gritar o llorar le está reforzando su idea de que “está sola” o de que “prefieres estar con su hermana”.

      Es importante que legitimes sus sentimientos, es decir no le niegues el que ella demuestre su enfado o tristeza. Pregúntale, dedica un tiempo tranquilo para estar con ella. Escucha lo que te diga y ayúdala (¿Qué piensas cuando estoy con tu hermana? ¿Cómo te sientes?) Exprésale que entiendes que ella se enfade y se ponga triste. Y dale una alternativa. Enséñale que cuando se sienta así te lo pueda decir sin gritar. Así le estás educando a identificar y expresar emociones de una manera positiva.

      Ten en cuenta que tu hija se encuentra en pleno proceso de maduración, por ello debes ir ayudándole a que vaya llenando su mochila de nuevas herramientas que le permitan adaptarse de manera más positiva.

      Si necesitas más información puedes enviar un email a info@carolina-aguilera.es

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